El salto a la roca maciza o la irrupción en la interioridad

Por Wolfgang Giegerich, 2006.

Artículo publicado en The Soul Always Thinks, volumen IV de sus artículos reunidos en inglés, capítulo siete, 165-172.

Traducción de Carlos Rocha y Alejandro Bica.
Con enorme gratitud a Wolfgang Giegerich por permitir la publicación de la traducción en este blog. 


En el Seminario del Capitan Canyon analicé en detalle la psicología o la lógica dialéctica del cuento de hadas de la montaña de cristal. (1) En aquella ocasión se trataba de un movimiento ascendente hacia la trascendencia, a la encarnación absoluta por la princesa sentada en la cima de la montaña, y la dialéctica de este movimiento hacia arriba a través de la montaña resbaladiza consistía en que el objetivo precisamente sólo podía ser alcanzado mediante el fracaso absoluto en el intento de alcanzarlo por parte de la gente. Del mismo modo, en el capítulo anterior ("¿Es profunda el alma?") analicé el movimiento hacia la frontera más remota del ser. En esta ocasión quiero tratar un tema muy diferente, el movimiento hacia el verdadero interior, la verdadera interioridad. Y sin embargo, como veremos, la lógica de los tres movimientos es muy similar.

Empezaré con una leyenda de los Indios Cuervo, pertenecientes a la tribu de los Sioux.

"Un niño en su cabaña había caído con el rostro sobre el fuego. Como no quería que le viesen en el campamento con su cara desfigurada, huyó y desapareció. Mucho más tarde, dos mujeres, una madre y su hija, habían sido secuestradas por otra tribu e intentaron volver con su propia gente. Pero era muy difícil. Tuvieron que permanecer durante algún tiempo en una zona montañosa con un profundo cañón. Encontrándose allí fueron ayudadas por aquel niño desaparecido que mientras tanto se había convertido en un hombre. Les ofreció pieles para una tienda, etc. La madre sugirió a su hija que debía casarse con ese hombre. Sin embargo, él no vivía afuera, en una tienda o cabaña, sino en una roca maciza e impenetrable a la que solía entrar a través de la pared lisa del cañón. La hija sabía que ella no podía entrar. Sin embargo esperaría tener una oportunidad para entrar. Por lo tanto esperó hasta que el hombre salió. Cuando volvió a entrar, le siguió y osó cruzar la entrada. Pero él la echó. Lo mismo ocurrió tres veces, y a la cuarta el hombre, viendo su valentía, la tomó por esposa." (2)

Lo que importa, por supuesto, es que el hombre Cuervo no vivía en un nicho o en algún otro tipo de lugar ahuecado en la roca o entre las rocas. Vivía en la misma roca, en una roca impenetrable. Y no entraba en ella a través de una grieta o una abertura. Entraba milagrosamente por la pared maciza.

Dado que esta idea es algo extraña será de ayuda apoyarnos un poco de otros cuentos con temática similar.

"En las montañas de Europa Central hay muchas paredes de roca que se abren para aquel que acuda en el momento adecuado o que tenga una llave milagrosa.

En una leyenda local de Alsacia, el padre de Santa Odilia quería obligarla a casarse con cierto hombre. Ella huyó y se detuvo para arrodillarse frente de una pared de roca y rezar. La roca se abrió, la aprisionó y no la dejó marchar hasta que el padre abandonó su plan para casarla con aquel hombre."

Nuevamente tenemos una roca densa que sin embargo bajo ciertas circunstancias o para ciertas personas se convierte en un lugar en el cual poder estar dentro.

"En una leyenda local de Carintia un humilde granjero que por su pobreza no podía casarse con su novia se estampó con su frente contra una piedra gris del tamaño de medio hombre. De pronto advirtió una pequeña puerta en la pared de la roca, se introdujo en una galería y llegó hasta una gran sala brillante llena de oro y plata. Una bella mujer llenó sus bolsillos con rocas, y lo acompañó a un sillón de plata en el que se quedó dormido. Cuando despertó se encontró de nuevo en el exterior, y la puerta de la roca había desaparecido. Entonces pensó que había estado soñando. Pero cuando llegó a casa, se dio cuenta que había estado fuera durante siete años y que las piedras que la mujer le había puesto en los bolsillos eran pepitas de oro, de modo que ahora ya podía casarse con su novia."

"En su Heimskringla, Snorri Sturluson describe como un rey sueco llamado Sveigðir al atardecer de un día sagrado entró en una roca sólida que era tan grande como una casa y no regresó. Durante toda su vida había deseado encontrar al dios Odín. Para tal fin emprendió un viaje de cinco años hacia el este. De vuelta a casa, un enano, al pie de la puerta de la piedra le llamó y le dijo: ahí, en aquella piedra encontrarás a Odín. El rey saltó a la piedra, y la piedra se cerró detrás de él." (3)

Cuando el alma quiere imaginar la idea de su propia interioridad parece que se nos presenta bajo la imagen de una roca maciza o una pared de piedra. Desde el punto de vista del sentido común esto es absurdo. Sin embargo esta absurdidad es el objetivo, o más que absurdidad preferiría hablar de la total auto-contradicción presente en estas historias. La roca impenetrable, en y con su misma impenetrabilidad, está sin embargo abierta y despejada. La piedra de la mitad del tamaño de un hombre contiene una galería en donde un hombre adulto puede caminar erguido e incluso una gran sala. Tenemos aquí imágenes de lo imposible.

Generalmente, si en tu camino te cruzas con un muro hecho de roca lo experimentas como un obstáculo que bloquea tu camino, un callejón sin salida. Y normalmente la imagen de un punto muerto despierta el deseo de dar media vuelta y buscar suerte en algún otro lugar. Sin embargo este callejón sin salida es el objetivo para el rey sueco, es la liberación de Santa Odilia, es la solución para el humilde granjero. El muro es la apertura, la roca es el claro. El obstáculo es la entrada.

Lo que ocurre aquí es más bien algo como si uno rompiera la "barrera del sonido" hacia otra dimensión completamente nueva. Esta es la razón por la cual uno tiene que tomar la imagen del callejón sin salida de un modo muy literal. En su fondo se encuentra un verdadero final, una clausura. Un alto absoluto. Sin continuidad. Se ha llegado al final del mundo, es decir, el final del mundo corriente, empírico, existente positivamente, el final de la dimensión anterior, y con la irrupción a través del muro no se ha superado meramente un obstáculo pudiendo continuar más allá de él, donde lo que hay más allá de él es la continuación del mundo empírico común. No, se ha abandonado este mundo por completo y uno ha sido catapultado hacia otro diferente, el reino del alma. El mundo corriente ha desaparecido y ha sido sustituido por otro completamente diferente.

Se trata de una inversión repentina, de un punto muerto hacia una apertura. Gracias a la psicología Gestalt sabemos como el dibujo lineal de un cubo (el llamado cubo de Necker) puede alternar (apareciendo como un cubo visto desde arriba y de repente como un cubo visto desde abajo), o como con la ilusión de "figura y fondo" la percepción de uno de una y la misma imagen de un jarrón puede fluctuar entre ver un jarrón blanco sobre un fondo negro o ver dos caras de perfil negro contra un fondo blanco. Se trata de fenómenos empíricos dentro de la percepción de la psicología de la Gestalt, y el modo en que se perciben las figuras no representa una diferencia significativa. Ambos modos de percibir en cada caso permanecen en el mismo nivel ontológico o lógico, mientras que en nuestro tema, el de la roca que se abre, estamos tratando con un avance desde una dimensión hacia otra nueva. Sin embargo, este fenómeno empírico trivial de una alternancia puede servir como un puente imaginal para comprender el tipo de inversión que tiene lugar aquí en un nivel más fundamental. Una y la misma roca es al mismo tiempo, obstáculo impenetrable y apertura, claro, y de esta manera algo auto-contradictorio, aunque, al igual que ocurre con estas ilusiones perceptivas, siempre sólo una versión de las dos es la que es real para el observador en cada momento. Para la mujer Cuervo la pared del cañón era un obstáculo absoluto mientras se encontraba sola frente a él. Pero cuando apareció el habitante de la roca, ella pudo seguirle sin dificultad hacia el interior. El humilde granjero se estampó con la cabeza contra una roca sólida que por supuesto era impenetrable para él. Y al final de la historia, es impenetrable nuevamente: no se veía ninguna puerta, y por lo tanto lo que había ocurrido en el medio se le presentó como un mero sueño. Sin embargo en el medio estuvo efectivamente dentro de la roca, pero esto significó que mientras estuvo allí abandonó el mundo común.

La inversión o alternación pudo incluso haber sido posible mediante el golpe contra su cabeza cuando corría con su frente hacia la roca. El golpe es la confrontación innegable, físicamente real, con el obstáculo como obstáculo, con toda su dureza y absoluta impenetrabilidad. La experiencia real del callejón sin salida, de la futilidad de cualquier intento de avance es, tal y como parece, la precondición del salto hacia otra dimensión. En el caso del rey Sveigðir el viaje de cinco años al este en busca de su oro le mostró la absoluta futilidad de una búsqueda de oro literal y positivista. Esta apreciación fue su barrera del sonido y como tal la roca impenetrable hacia la cual podría saltar. En el caso de Santa Odilia, fue la profunda desesperación en su intento de escapar de su poderoso padre y su prometido lo que abrió el muro de roca para ella y convirtió el mismo obstáculo en su protección. Fue el punto muerto absoluto el que abrió una salida para ella; precisamente la misma desesperanza de su difícil situación fue la que le proporcionó su protección a través de envolverla completamente en una situación sin salida. El hecho de que en esta leyenda ella llegue a una pared de roca indica simbólicamente que se ha dado cuenta de la total futilidad de su intento de escapar. Ha llegado a un callejón sin salida. Pero precisamente este callejón es su rescate. Esto nos recuerda a las líneas frecuentemente citadas de Hölderlin, Wo aber Gefahr ist, wächst das Rettende auch, "Pero donde hay peligro, el rescate está cerca". Sin embargo, lo que nos interesa aquí, va más allá de esta sentencia. En ella, el peligro y el rescate parecen ser dos cosas diferentes (lo cual está enfatizado por la palabra auch, "también"), pero aquí no tenemos una dualidad de situación difícil y esperanza. En su lugar, la absoluta imposibilidad es en ella misma el rescate. Tan sólo hay un elemento, una realidad, la roca, que es a la vez la imagen de la impenetrabilidad y la apertura. Esta naturaleza auto-contradictoria es el propio propósito de la imagen de la roca.

Por lo tanto podemos decir que la impenetrabilidad es necesaria, de hecho, requerida, si es que tiene que haber un avance hacia la otra dimensión. El obstáculo absoluto es en él mismo la entrada a la iniciación. Sin el obstáculo, no hay iniciación.

¿Qué es lo que rescata? ¿Cómo puede la experiencia implacable de la absoluta desesperación de su situación convertirse en sí misma en la protección y el refugio para Santa Odilia? ¿Y por qué su padre súbitamente tendría que cambiar de opinión? O dicho de otro modo: ¿qué es esta otra dimensión que se abre dentro de la roca impenetrable, la situación desesperante, la futilidad del intento de encontrar al dios Odín por parte del rey sueco? Esta dimensión es la interioridad del alma.

Sin embargo con este término sólo hemos explicado ignotum per ignotius, lo desconocido a través de lo todavía más desconocido. Y en lugar de insertar nuestro concepto prefabricado y convencional de lo interior en la sentencia anterior, por el contrario, tenemos que permitirnos ser enseñados como si fuera la primera vez por el salto del rey sueco hacia la piedra, o por la huida de Odilia hacia la roca de su desesperanza, acerca de lo que sea la interioridad psicológica.

Es precisamente la aceptación activa, con comprensión implacable y sin reservas por parte de Odilia acerca de la absoluta futilidad de su intento de escapar de la amenaza planteada por su padre la que abre el espacio psíquico de la interioridad y la protege de la amenaza. Mientras ella conservaba la esperanza de poder huir, permanecía amenazada por la posibilidad de ser atrapada por sus perseguidores. ¿Por qué no fueron capaces de seguirla allí donde fuera y capturarla? Mientras ella confiaba en una huida en el reino de la positividad, a través de una huida literal o de esconderse detrás de un bastión literal, ella podía ser alcanzada, puesto que se encontraba en el mismo nivel que sus perseguidores. Pero en el momento en que abandona este nivel y entra en otra dimensión se pone a salvo, no literalmente, sino lógica o psicológicamente, porque ahora se encuentra lógicamente fuera del alcance de sus enemigos.

Este salto o irrupción es posible sólo a través de la auto-aplicación de la noción de huida. Fue a través de permanecer firmemente en la desesperanza de su situación que ella escapó de la misma noción de huida. Enfrentó la huida en contra de la huida misma, negándola por lo tanto, pero no meramente en el sentido de una negación simple, lo que hubiera sido lo mismo que ceder al deseo de su padre. No, incluso con esta negación de su huida permaneció fiel a su propósito de escapar. La suya fue una negación de la negación de su impulso a huir. Aplicó la noción de huida a la noción de huida misma y de este modo interiorizó la huida en sí misma al mismo tiempo que se interiorizó ella misma en la noción de absoluta desesperanza de su situación; también podríamos decir que escapó hacia la futilidad de la huida, así que su huida fue una huida sublada.

Sin embargo esta fue una huida real, la huida desde el nivel de la positividad hacia la negatividad lógica. Aquí ella estuvo absolutamente fuera de alcance, porque 1. habiendo escapado de la noción de huida se volvió inmune a sus perseguidores; y por encima de ello 2. estos últimos no tendrían la posibilidad de seguirla hacia la esfera de la negatividad o interioridad lógica. ¿Por qué no? Porque sus perseguidores no se encontraban huyendo ni se hallaban en una situación de completa desesperación, así que de ningún modo podrían negar la huida desde la absoluta desesperanza ni, menos aún, negar esta negación. Como perseguidores se hallaban condenados a permanecer en el reino de la positividad. Y precisamente por haber huido de su necesidad de huir de ellos Odilia se encontró completamente a salvo de ellos. No fue una roca literal la que milagrosamente la envolvió. Fue justo al revés. El hecho de que se estableciese voluntariamente en la completa futilidad de un intento de huida e ipso facto permaneciese al margen de todas las cosas terribles que le hubiesen podido ocurrir fue en sí mismo la roca impenetrable que la protegió. Si nos acercamos a Odilia personalísticamente como un ser humano real y no como un personaje en una leyenda, tal vez podríamos afirmar que había adquirido, y se había retirado hacia, lo que podríamos llamar una nueva y anteriormente desconocida firmeza de carácter, una firmeza tan impenetrable como una roca. Se volvió independiente de los acontecimientos externos, no físicamente independiente, por supuesto, sino lógicamente independiente. Conquistó el espacio de la interioridad.

Probablemente fue su huida hacia la independencia lógica de toda amenaza externa la que ocasionó el cambio de parecer de su padre. Inalcanzable en el espacio de la interioridad y la negatividad en el que se encontraba, él la perdió, perdió su poder sobre ella. Por lo tanto se rindió.

Después de lo dicho anteriormente, podemos percatarnos con más claridad de la identidad precisa del claro abierto y de la roca impenetrable. Antes he tratado de acercarme a nuestro tema aludiendo a experiencias perceptivas de tipo alternante. Pero no hay una inversión. Lo que hay es una simultaneidad, la identidad contradictoria de los opuestos. Antes he indicado que la roca maciza era la entrada. Pero no se trata sólo de eso. Al pasar por una entrada uno la deja atrás. Sin embargo, en este caso, la roca maciza es la apertura, y el espacio abierto de la interioridad es la roca que encierra y protege.

Ahora entendemos por qué tiene que haber un callejón sin salida y por qué el claro abierto no reside detrás del muro de piedra, sino en la piedra impenetrable del muro mismo. Si la pared no fuera nada más que un obstáculo que superar, entonces la conciencia, incluso si ha de superar el obstáculo, permanecería en la misma dimensión que se había propuesto superar. Después de superar el obstáculo uno volvería a lo mismo de siempre. La superación positiva del obstáculo lo ataría a uno a la positividad del obstáculo, tal y como los perseguidores de Odilia siguieron apegados al mundo de la positividad. Es sólo el callejón sin salida el que niega la positividad del "mero obstáculo" e ipso facto produce la ruptura a través de la "barrera del sonido" hacia la esfera radicalmente diferente de la negatividad e interioridad lógica, que consiste en la sublación de la esfera de nuestra existencia convencional.

Cuando el alma está interesada en retratar su propia y verdadera interioridad, usa la imagen de una piedra o un muro de roca. Esta imagen nos ayuda a distinguir la verdadera interioridad de la falsa, la cual hoy se presenta principalmente en dos versiones.

Una es el interior psicologístico, la interioridad de la introspección y el auto-crecimiento, el interés completo en uno mismo y en lo que ocurre dentro de uno, el foco sobre aquellas abstracciones que llamamos nuestras emociones, afectos, deseos, fantasías—las emociones y fantasías del individuo privado, separado del mundo.

La otra es la interioridad de la espiritualidad esotérica, tal como la del mundus imaginalis o la idea de "mundos superiores".

La roca nos salva de ambos. La verdadera interioridad no está en nosotros y no es nada esotérico. Se encuentra en la roca. Y la roca está ahí afuera en la realidad; es, por ejemplo, la difícil situación real de Odilia. Es muy concreta, la experiencia de "sin salida," de absoluta futilidad. Mientras el cuento de la montaña de cristal presentaba la esfera de la negatividad como la trascendencia, la roca nos enseña que esta trascendencia es inmanente o que es esta trascendencia mundana. Mientras la Kena Upanishad había enseñado que "no lo que los ojos pueden ver, sino lo que abre los ojos es el Brahma", la roca impenetrable ahora nos enseña que lo que abre los ojos no es algo espiritual en el sentido elevado del esoterismo, del misticismo o ejercicios espirituales por encima y separados de la realidad cotidiana. Así como el espíritu Mercurius se encuentra en la materia, del mismo modo la verdadera interioridad se encuentra en la vida real ahí afuera. Lo que abre los ojos es precisamente el duro encuentro con aquella "roca" sólida, ciertamente visible y tangible, en nuestra realidad mundana que consiste en la percepción irreductible de que nuestros esfuerzos han llegado a un punto muerto.

Ello abre nuestros ojos a la gran sala de plata y oro o a la esfera de Odín, pero únicamente lo hace, siempre que, al ver el obstáculo, en lugar de simplemente darnos la vuelta en resignación o desesperación, mantengamos nuestro lugar en la absoluta contradicción del callejón sin salida y continuemos fielmente con nuestro propósito. Porque entonces la experiencia del muro de piedra interioriza nuestro movimiento progresivo hacia él mismo convirtiéndose él mismo en una progresión recursiva.


Notas

1. Wolfgang Giegerich, David L. Miller, Greg Mogenson, Dialectics & Analytical Psychology. The El Capitan Canyon Seminar, New Orleans (Spring Journal, Inc.) 2005, aquí pp. 9-24.

2. De acuerdo a Heino Gehrts, "Vom Wesen der Steine", en: GORGO 11 (1986), pp. 3-27, aquí p. 20.

3. Todos los ejemplos provienen de Heino Gehrts, op. cit. p. 18. El último se encuentra en Snorris Königsbuch vol. 1, en Thule vol. 14, Jena 1922, p. 38.